Empezamos siendo simples desconocidos en la nada, después nos empezamos a conocer y aún continuamos conociéndonos.
Luego pasamos a ser amigos, aunque esa etapa duro poco tiempo. Porque los sentimientos iban aflorando en nuestro interior poco a poco, como el azahar saliendo de los naranjos de Sevilla. Esos sentimientos que se convirtieron en algo muy latente en nuestras vidas. Que cada día iba cogiendo forma, nombre e intensidad.
Ese sentimiento que cogió forma, nombre e intensidad en mi, y que aún sigue creciendo, se llama Adrian. Si, Adrian.
Adrian es el causante de que yo este viviendo el amor. El causante de todas mis decisiones. El causante de mi sonrisa eterna cuando estoy a su lado. El causante de mi amor. El causante de que yo este ahora mismo escribiendo del amor. Amor que sólo él ha hecho crecer en mi.
Nuestro amor es algo bueno como en las películas. Ese amor que en las buenas crece como la espuma, y en las malas se fortalece como la coraza del mayor guerrero. Ese amor que tiene muy pocos momentos malos. Ese amor que te enriquece como persona, que hace que imagines un futuro con él.
Pero todo esto es gracias a él. Él puede convertir el peor de los días, en algo diferente, en algo bueno. Él te hace reír. Él que siempre esta para que te apoyes en su hombro cuando lloras y que cuando te toca a ti poner el tuyo lo haces con el mayor cariño del mundo, y no porque él lo haya hecho por ti, si no porque lo sientes, porque también quieres ser un apoyo para él.
Si es que muchas personas no opinaran lo mismo que yo, o quizás si, pero lo que si que tengo claro es que he tenido la suerte de que me de ese amor tan bueno y sano en estos 9 meses que aún seguirán adelante.
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